Por Noelia Pizarro, Corporate & Business Development Manager en Green Light GO
Si algo he aprendido desde el campo de la educación, la pedagogía y el desarrollo del talento —liderando equipos y trabajando para jefes, directores y managers— es que cuando alguien baja su rendimiento, lo peor que podemos hacer es tratarlo como un problema técnico.
Entonces empezamos a racionalizar: quizá está sobrepasado, quizá necesita un sistema mejor, un programa más claro, más organización, más estructura… Si está agobiado, será porque le falta tiempo; si le ayudo a organizarse, se sentirá mejor; si le doy más herramientas, lo verá más claro. Y la solución parece sencilla: “que se forme más”. Un curso, dos, tres… y listo.
Pero no funciona así.
Lo he visto, lo he vivido y lo sigo viendo: el bajo rendimiento —o la distancia entre compañeros— casi nunca es falta de capacidad. A menudo es falta de conexión. Con el sentido, con la energía, con la confianza, con el equipo… o con el propio mánager. Y cuando una persona se desconecta, puedes llenarle la agenda de formación, proponer un team building anual o incluso organizar el mejor escape room. Pero no vas a recuperar lo que de verdad se ha perdido.
El rendimiento se sostiene en lo invisible: en la calidad de la relación, en la autoestima profesional, en el reconocimiento, en el lugar que siento que ocupo dentro del equipo. Y eso no lo arregla un PowerPoint. Como decía Viktor Frankl: “Cuando encontramos un para qué, soportamos casi cualquier cómo”. Y no se trata de aguantar lo inaguantable. Se trata de comprender que la motivación no se impone ni se inyecta. La energía real aparece cuando la persona vuelve a conectar con algo que le importa. Cuando se siente vista, escuchada y tenida en cuenta.
Además, cuidado: no siempre la relación entre mánager y colaborador está rota. Muchas veces simplemente está descuidada. Se ha llenado de urgencias, tareas, correos y reuniones, y se ha vaciado de conversación real. De esas conversaciones donde uno puede decir: “no estoy bien”, “me he perdido”, “no sé cómo volver”.
Ahí es donde el Coaching Ejecutivo marca la diferencia. No es magia ni una solución exprés. Es un espacio de reflexión y responsabilidad que ayuda a recuperar claridad, reconectar con valores, experiencia, ilusión y propósito. Y, sobre todo, a reparar la relación desde la cercanía, la sinceridad y la confianza.
En Green Light GO, además de nuestras formaciones y certificaciones en coaching, desarrollamos procesos de coaching ejecutivo en empresas con un pool interno de coaches CPCC, PCC y ORSCC que acompaña a líderes y equipos en estos momentos clave.
Si en tu organización hay talento desconectado, no lo satures de cursos. Escúchalo. Y si quieres, lo trabajamos juntos.
Escríbenos a empresas@greenlightgo.es y conversemos.