Por Raquel Calvo Gómez
“Las mujeres que aspiran al liderazgo se enfrentan a un laberinto con múltiples caminos, callejones sin salida y retrocesos, más que a un simple techo que romper.” – Eagly & Carli, Through the Labyrinth: The Truth About How Women Become Leaders (2007)
Hace quince años, decidí dedicar mi carrera a acompañar a líderes y equipos en su desarrollo personal y profesional. Desde entonces, he impartido cientos de programas de coaching y liderazgo, facilitado dinámicas para comités de dirección, formado a managers y líderes en habilidades de Coaching Co-Activo y enseñado las 5 maneras de liderar del modelo del Liderazgo Co-Activo en todo el mundo. Además de todo esto, he acompañado individualmente a mujeres en posiciones clave: directoras generales, miembros de comités de dirección y ejecutivas en sectores tan exigentes como la salud, la industria farmacéutica o la tecnología.
A lo largo de estos años, he aprendido que, para las mujeres, el liderazgo no es solo una cuestión de competencias. Es, sobre todo, una cuestión abrirse camino: de sortear obstáculos visibles e invisibles y de aprender a moverse en un terreno generalmente hostil. No es casualidad que Alice Eagly y Linda Carli, en su artículo “Las mujeres y el laberinto del liderazgo”,propusieran sustituir la metáfora del “techo de cristal” por la del laberinto: un recorrido lleno de barreras visibles e invisibles que las mujeres enfrentan a lo largo de sus trayectorias profesionales.
Esto significa que el liderazgo femenino no se reduce a romper una última barrera: implica aprender a navegar en un sistema marcado por desigualdades que persisten en la mayoría de los testimonios de las mujeres líderes que he acompañado:
- La sobrecarga de trabajo y el peso de las responsabilidades familiares, que aún recaen desigualmente y limitan la disponibilidad de las mujeres para asumir puestos de liderazgo o participar en espacios de decisión.
- La desconfianza o subvaloración de la autoridad femenina, que obliga a muchas mujeres a demostrar continuamente su competencia, incluso en posiciones de alto nivel.
- La dificultad de acceso a redes de poder e influencia, todavía dominadas por hombres y poco abiertas a la diversidad.
- La invisibilización de las emociones y el cuidado como competencias legítimas de liderazgo, frecuentemente desestimadas en organizaciones guiadas por lógicas masculinas.
- La ausencia de políticas institucionales sensibles a la diversidad, como medidas de apoyo a la parentalidad, reconocimiento de las múltiples jornadas o mecanismos efectivos contra la discriminación interseccional, por género, raza, edad, origen u orientación sexual.
Como comentó una de las participantes de uno de mis talleres: “Ser mujer y querer liderar todavía se ve muchas veces como una osadía. Tenemos que justificar nuestra presencia, explicar nuestro tono de voz, controlar las emociones y, aun así, escuchar que somos demasiado sensibles o poco asertivas, o que tenemos mal carácter y somos demasiado duras.”
Testimonios como este muestran que el laberinto de que hablan Eagly y Carli no es una metáfora abstracta, sino una realidad cotidiana para muchas mujeres. Reconocer la existencia de este laberinto y sus barreras es el primer paso para transformar las estructuras que lo sostienen.
El poder de formarse, tener referentes y contar con apoyo
Frente a la complejidad de este laberinto, he comprobado en mi práctica que tres factores son determinantes para que las mujeres avancen en su desarrollo como líderes: formación, referentes y acompañamiento.
La formación en liderazgo es fundamental. No solo para adquirir herramientas, sino para tomar conciencia de las normas de género que influyen en cómo se percibe y se ejerce la autoridad. En muchos de los programas que imparto, las participantes descubren que su tendencia a minimizar sus logros, evitar conflictos o sobredemostrar competencia son respuestas aprendidas en contextos históricamente masculinos.
Los referentes son igualmente importantes. Tener referentes femeninos en el liderazgo es esencial para romper el silencio que históricamente invisibilizó el poder de las mujeres, multiplicar las narrativas posibles de ser mujer y ser líder, e inspirar a otras a creer en su derecho y su capacidad para liderar.
Cuando una mujer ocupa un espacio de poder con autenticidad, empatía y valentía, no solo conquista ese lugar: abre camino para otras. La presencia de estas líderes funciona como un mapa simbólico, una prueba viva de que el laberinto puede recorrerse, aunque con esfuerzo, estrategias y redes de apoyo.
Por último, contar con una coach o una mentora proporciona un espacio seguro para explorar miedos, desarrollar recursos, definir metas y ensayar nuevas formas de liderar. Las mujeres con las que trabajo valoran especialmente tener a alguien que las escuche sin juicio, con empatía, que las acompañe a mirar el laberinto desde otra perspectiva y a trazar su propio mapa.
Conclusiones: Abrir caminos en el laberinto
Después de estos años acompañando a mujeres líderes, sé que no existe un atajo. Las barreras siguen ahí: los estereotipos de género, los sesgos inconscientes, las estructuras organizativas diseñadas con un ideal masculino en mente. Pero también sé que el laberinto no es intransitable. Se pueden abrir caminos nuevos y más humanos cuando las mujeres confían en su derecho a liderar, cuando las organizaciones invierten en cambios reales y cuando el liderazgo deja de ser sinónimo de sacrificio y dominio para convertirse en una práctica relacional, ética y transformadora.
Como coach y facilitadora, sigo creyendo en la importancia de formar, de acompañar y de tejer redes. Como escribió Carol Gilligan, “cuidar es también liderar”. Y en ese cuidado mutuo nacen nuevas formas de estar en el poder: más auténticas, inclusivas y sostenibles.
Sobre Raquel Calvo:
Raquel Calvo Gómez es coach, arteterapeuta y formadora internacional especializada en liderazgo creativo, colaborativo y consciente. Desde 2013 forma parte del claustro internacional del Co-Active Training Institute, donde acompaña a coaches y líderes a desplegar su potencial desde la autenticidad y el cuidado.
Con más de quince años de experiencia en coaching, formación y facilitación en Europa, América, África y Asia, su enfoque integra cuerpo, arte, filosofía y pensamiento crítico como herramientas de transformación. Es licenciada en ADE y máster en Filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela.